jueves, 21 de enero de 2016

Día Internacional de la Mediación


El conflicto es inherente a la naturaleza humana y, por tanto, está presente en todas las manifestaciones de nuestra vida (familia, amigos, relaciones de vecindad, trabajo…) y en todos los niveles del comportamiento humano: intrapersonal, interpersonal y grupal. Hablar de conflicto es hacer referencia a situaciones habituales de la convivencia y de las relaciones humanas en las que los valores, necesidades, deseos o intereses, son o se perciben como opuestas. 

Ante un conflicto, la respuesta más común es pensar que si una visión de la situación es correcta, la otra no lo es. Pocas veces, y todavía menos cuando las personas están sumergidas en un conflicto, pueden llegar a pensar, y menos a admitir, que las dos visiones, aunque contradictorias, sean igual de legítimas y válidas, y que hay que poder afrontar las contradicciones de una manera negociada para encontrar una solución lo más satisfactoria posible para todos. Por eso, se hace necesario desarrollar y apostar por métodos alternativos de gestión de conflictos que, como la mediación, ofrezcan una gestión no adversarial del mismo, posibilitando su transformación y su resolución en interés de todas las partes incursas en dicho conflicto.

La mediación aparece como una forma de resolución de conflictos alternativa a la jurisdicción, a través de la cual las partes en conflicto, con el apoyo de un mediador neutral e imparcial, intentan encontrar una solución que sea satisfactoria a los intereses de todas las partes. La mediación ayuda a las partes a no dicotomizar el conflicto, a percibir con una perspectiva diferente la realidad que viven como conflictiva y a asumir que las dos partes pueden tener visiones diferentes y, aun así, resolver pacíficamente y satisfactoriamente sus diferencias.

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